Alejandro Blanco Uribe

(Caracas, Venezuela, 14 de octubre de 1948)

Alejandro Blanco-Uribe es reconocido como un gran visionario, responsable de la aparición y el desarrollo de nuevas expresiones artísticas y musicales, emprendimientos, eventos y acontecimientos culturales de notable calidad, originalidad y trascendencia para el país. Su participación en cada una de las áreas a las que se ha dedicado, ha dejado huella y motivación tanto por su talante profesional como por su carácter creativo y vanguardista, convirtiéndose en referencia para muchos músicos, artistas y productores.

Alejandro Blanco-Uribe

Alejandro Blanco-Uribe en el bongó junto a su papá, Gustavo Blanco-Uribe Alfonzo, bailando y cantando, y su primo Manolín Rincón en el acordeón

Inicios y primeras influencias musicales

Alejandro Blanco-Uribe nace en Caracas, el 14 de octubre de 1948. Hijo de Carmen Avilán Montiel de Blanco-Uribe y de Gustavo Blanco-Uribe Alfonzo, administrador de empresas y profesor universitario; ambos, padres de una familia de siete hermanos.

Blanco-Uribe vive sus dos primeros años en Nueva York. De regreso a Caracas, recibe las primeras influencias musicales en su ambiente familiar. Su padre disfrutaba mucho de la música y en la casa se escuchaban géneros como el jazz y el latin jazz, la música clásica y la ópera. Además, Don Gustavo poseía una variada discografía y colecciones traídas de Nueva York.

Otro hogar que marcó definitivamente tanto la carrera musical de Blanco-Uribe como toda su trayectoria, fue la casa de sus abuelos maternos, ubicada en Las Acacias, en Caracas. En esta urbanización, convivían familias provenientes de Maracaibo que se habían trasladado a Caracas, como la de su madre Carmen Avilán Montiel y la familia política de su tía Josefina Avilán Montiel, casada con el pintor Manuel Felipe Rincón González, hermano del famoso compositor marabino Rafael Rincón González, ambos hijos del artista Neptalí Rincón Urdaneta, fundador del Círculo Artístico del Zulia. 

Influencia de Manolín Rincón

En medio de todo este ambiente, Blanco-Uribe absorbe desde muy pequeño la cultura artística de su tío Manolo. Sin embargo, la principal influencia en esos años fue la de su primo Manolín Rincón, hijo de su tíos Josefina y Rafael. Manolín tocaba acordeón, trombón y vibráfono, cantaba boleros y guarachas, música como la de Frank Sinatra y Nat King Cole, y formaba parte de una exitosa agrupación universitaria mientras era estudiante de Ingeniería Naval en la Universidad Central de Venezuela (UCV). El Conjunto Ingeniería pegó temas en la radio y en el Hit Parade de Venezuela. 

Durante todo este tiempo, Alejandro conoce un gran repertorio de música venezolana escuchando a Alfredo Sadel, Antonio Lauro, música de Navidad de Vicente Emilio Sojo y música tradicional de Maracaibo, junto a otro vasto repertorio internacional que incluía a Duke Ellington, Miles Davis, John Coltrane, Tito Puente, Tito Rodríguez, Count Basie, producciones discográficas de colección como Cuban Jam Sessions, otras agrupaciones como The Four Freshmen y el mejor rock and roll que le fascinaba a su hermano Gustavo.

Alejandro Blanco-Uribe en los Estudios Larrain / Foto: Antonio Huizi

Multi instrumentista autididacta

Primeros instrumentos y bandas

El piano fue el primer instrumento que Blanco-Uribe descubrió a los 5 años y con el que quedó deslumbrado cuando visitó la casa de un vecino de sus abuelos, el doctor Filinto Urdaneta. Así que todos los días, después del colegio, se iba a pie de Los Chorros, donde vivía con sus padres y hermanos, a Las Acacias, para poder tocar el piano.

Luego, a los 12 años, recibe de regalo de su primo Manolín un acordeón, que aprende a tocar de manera autodidacta y acostado en una cama, por lo pesado del instrumento para su edad.

En el vecindario de sus abuelos, donde pasaba días y meses enteros, Alejandro salía a la calle con los amigos de la cuadra a tocar. Un día, sentado en una esquina, José Agustín Catalá, hijo del escritor y editor José Agustín Catalá Delgado, lo ve tocando unas latas de leche y le regala un bongó. Así que comienza a tocar el bongó, junto con el piano y el acordeón.

En los inicios de su juventud, Blanco-Uribe ingresa en un grupito de parrandas y aguinaldos donde toca la tambora y, a los 14 años, se hace parte de un conjunto de música latina y criolla venezolana, influenciado por el músico y compositor venezolano Hugo Blanco, el jazz y el bossa nova, y en el que toca maracas y cencerro. Allí comparte con Enrique Fuentes, su primo Pedro Avilán y dos hijos del maestro icono de la música venezolana Juan Vicente Torrealba.

Estancia en Maracay

En esta ciudad, cursa tercer y cuarto año de bachillerato en el Liceo Agustín Codazzi, al mismo tiempo que vive una explosión social y un importante aprendizaje musical. Sus amigos lo invitan a dar serenatas y a cantar boleros acompañado con el acordeón.

Ingresa en el coro del liceo, donde enseguida arma y dirige un grupo de bossa nova junto a Adolfo y Arturo Berti, Nancy Seltzer y Alejandro Benítez, entonces maestro de guitarra de la mascota del grupo, Henry Martínez, quien se convertiría en uno de los compositores más reconocidos de Venezuela. Con este conjunto gana el Festival de Interliceístas por el mejor acto cultural entre liceos públicos del país.

En esta ciudad ingresa también en el Conjunto Campestre, que conoce del contacto con los vecinos, en especial, por frecuentar la casa de la familia Del Nogal, donde se escuchaba Bill Evans, Miles Davis, John Coltrane, Antonio Lauro, Antônio Carlos Jobim, Eddy Palmieri y Joe Cuba, música que él también conocía de Caracas.

Le fascinó que en esa pequeña ciudad hubiese un culto por manifestaciones sofisticadas y no convencionales. Al grupo, que tocaba salsa y bolero, le faltaba un contrabajista. Esto lo motivó a aprender a tocar contrabajo con la intención de entrar al conjunto con Del Nogal, El Búho Hidalgo, Rolandito Briceño en el saxo y Cheíto Rodríguez en la trompeta, ambos alumnos del saxofonista y compositor de jazz, Ramón Moncho Carranza.

Alejandro pasa un tiempo alternando en las dos agrupaciones en festivales estudiantiles y en clubes, con el grupo del liceo, y en las fiestas de los carnavales y hasta fuera de la ciudad, con el Conjunto Campestre.

En este período hay algo notable ocurriendo en la carrera musical de Blanco-Uribe y es su esmero por aprender a tocar un nuevo instrumento de manera autodidacta y, en casos, el instrumento que hiciera falta para poder entrar en una banda. Además, fue desarrollando gran persistencia e ingenio para poder hacerse músico profesional, ya que su padre, a pesar de ser un melómano, le hizo la vida musical muy difícil por esos años. Temía que dejara los estudios tradicionales, aunque al cabo de los años lo terminara respaldando.

Regreso a Caracas

De regreso a Caracas, a los 18 años, culmina su bachillerato en Electrónica, una especialización que solo existió cuatro años en el país, y se reencuentra con amigos y conocidos y, a través de Randy Cotten, que tocaba batería en el grupo Los Riviera, junto a Chuchú Díaz en el bajo y Romer González en la guitarra, se hace parte de esta banda como vibrafonista, así como de la famosa agrupación de pop-rock Adelante Juventud que popularizó el tema “Viva la gente”.

Al año, conoce a dos personas que le darán un giro a su carrera: El músico pianista Oscar “El Negro” Maggi, conocido de su padre, y quien le presenta a Gerry Weil. Blanco-Uribe recibe sus primeras clases de música, y es a partir de estos encuentros con Weil, donde comienza a perfilarse su carrera como músico profesional.

Ford Rojo 1954

En esta etapa, conoce también a Vinicio Ludovic, con quien participa en una banda de fusión de jazz, rock y pop llamada Ford Rojo 1954, e integrada además por Yordano, entonces Giordano Di Marzo, quien toca la segunda guitarra; Vinicio, a cargo de la primera guitarra; Leonardo López, en la batería; Alejandro, en los teclados; y José Di Mase, en el bajo.

En esta agrupación se juntaban los gustos e influencias musicales de Blanco-Uribe, que estaba más en la onda del jazz y grupos como Blood, Sweat & Tears; de Vinicio, que andaba muy influenciado por el rock progresivo y Los Beatles; y de Yordano, que aportaba influencias de su afición por John Lennon, junto a su talento como cantautor. 

En Ford Rojo 1954 tocaban composiciones propias y de repertorio universal, entre las que destaca una versión instrumental del tema “Summertime”, de la ópera Porgy and Bess.

En paralelo, Blanco-Uribe se inscribe en la Escuela de Física de la Universidad Central de Venezuela, donde se inauguraba la carrera de Computación. Sin embargo, en el año 1969, la UCV es allanada por razones políticas y se interrumpen sus estudios. En este momento, su padre decide montar en sociedad con su yerno, una Distribuidora Philips de equipos de sonido y, en aras de una reconciliación, le ofrece a su hijo encargarse de una parte del negocio, mientras alterna con cursos de Mercadeo.

Un año después, gracias a esta experiencia, entra en el Departamento de Electroacústica de la empresa Philips que, aparte de la música, era el otro campo que le interesaba conocer.

La Banda Municipal. De izquierda a derecha: Alejandro Blanco-Uribe, Vinicio Ludovic, Gerry Weil, Edgar Saume y Richard Blanco-Uribe / Foto: Antonio Huizi

LBM en Gavilán / Foto: Antonio Huizi

LBM en el show de Renny Ottolina en CVTV / Foto: Antonio Huizi

Orígenes de La Banda Municipal

El Quinteto de Jazz y La Banda de Gerry Weil

Gerry Weil había conformado el Quinteto de Jazz de Gerry Weil. Luego decide montar una banda completa de jazz y fusión rock que se llamó La Banda de Gerry Weil. Entonces Blanco-Uribe lo asiste en la producción, el sonido y, ocasionalmente, con la percusión.

Mientras tanto, en la empresa Philips, Blanco-Uribe desarrolla habilidades para reparar equipos electrónicos y hacerse cargo de proyectos de sonido. Pero el ambiente laboral le resulta hostil y sale de la empresa. Le pide apoyo económico a su padre para estudiar Ingeniería Acústica en Londres y él le responde que lo apoya, si en cambio, se va para Madrid. 

Decide irse para Madrid en el año 1971, después de la grabación del disco The Message (Mercury-Polydor 1971), de La Banda de Gerry Weile intenta estudiar en esta ciudad, pero regresa a Caracas frustrado por todo el ambiente que había en tiempos de la dictadura de Francisco Franco.

El disco de La Banda de Gerry Weil titulado: The Message, producido por Gerry Weil y grabado en Estudios Continente, contó con la participación de Gerry Weil en el piano; Alberto Naranjo en la batería; Michael Berti en el bajo; Vinicio Ludovic en las guitarras; Freddy Roldán en las congas; Alejandro Blanco-Uribe en la percusión; José «Cheo» Rodríguez, Luis Arias y Lewis Vargas en las trompetas; Bill Bucchi en los saxos alto y soprano; Víctor Cuica en el saxo tenor; Rolando Briceño en el saxo alto; Benjamín Brea en el saxo barítono; y César Monje, Totico Pineda y Rodrigo Barboza en los trombones. 

La agrupación Núcleos X

De regreso a Caracas, por el año 1972, toma la decisión de hacerse músico profesional y, bajo la dirección de Gerry Weil, crean un grupo de jazz de vanguardia llamado Núcleos X, con su hermano Richard Blanco-Uribe, Vinicio Ludovic, Edgar Saume y el saxofonista Víctor Cuica, y con el que ensayan en un estudio en la Radio Nacional de Venezuela.

Son los inicios de la década de los años setenta y el ambiente en Caracas se vuelve cada vez más cosmopolita y con un movimiento cultural importante en crecimiento.

Blanco-Uribe alquila una casa en El Hatillo –que era aún un pueblito sin la vida turística–, que adquirió desde finales de los años noventa, como local de ensayo y cuartos para estudiar música. Uno de sus vecinos, el cineasta Bernard Fuché, monta un café concert en la esquina de la Iglesia donde toca el grupo Núcleos X. El local se convierte en el primer sitio urbano y alternativo de toda esa zona ubicada a media hora al este de Caracas.

La Banda Municipal

Al cabo de un tiempo, entre los años 1972 y 1973, a Blanco-Uribe y a Vinicio Ludovic, les va creciendo la inquietud de hacer una música diferente, de crear un lenguaje original que pudiera fusionar la música venezolana con el rock, el jazz y la música académica. Edgar y Richard estuvieron de acuerdo, y también y Gerry. 

Entonces deciden fundar La Banda Municipal con Alejandro Blanco-Uribe, Vinicio Ludovic, Gerry Weil, Edgar Saume y Richard Blanco-Uribe.

Además, La Banda Municipal fue la primera agrupación en Venezuela que tuvo un ingeniero de sonido fijo, Alberto García, como miembro de la banda, y un director de arte e iluminación, que en este caso se trató del artista, diseñador y fotógrafo Antonio Huizi. El mánager de la agrupación fue Rafael Herrero.

Alejandro, siendo músico y compositor, asume también la producción de la banda y montan un estudio de ensayo musical en una pequeña finca en Gavilán, una zona rural ubicada detrás de El Hatillo que, al igual que su otra casa, fue frecuentada por muchos músicos, artistas e intelectuales.

En esta nueva agrupación, LBM, Gerry toca teclado; Alejandro hace la percusión completa e introduce efectos de sonido; Vinicio toca las guitarras, marimba y flauta; Richard, bajo y contrabajo; y Edgar Saume, batería y trompeta. Los autores de las piezas musicales fueron Gerry, Vinicio y Alejandro.

Dieron con el nombre de La Banda Municipal para rememorar las retretas que se hacían en las plazas públicas, interpretando merengues y valses caraqueños. Así que realizaron presentaciones gratuitas en las plazas de Caracas y el país, en universidades e instituciones públicas y privadas.

Radio Nacional de Venezuela

Encuentro con José Antonio Abreu

Mientras ensaya con el grupo Núcleos X en la sede de la Radio Nacional de Venezuela, por el año 1972, Blanco-Uribe le manifiesta a Alfredo Gerbes, entonces director de la emisora, su interés por trabajar allí.

Comienza a colaborar en el “Canal Clásico”, en la producción de programas sobre música antigua, barroca, clásica y contemporánea. 

Luego se dedica a producir sus propios programas sobre jazz, titulado El jazz de siempre, y sobre música académica contemporánea: Música contemporánea, que él mismo narra.

Durante su trabajo en la radio, que se extiende aproximadamente siete años, desarrolla una fructífera interacción con intelectuales y artistas de la época que frecuentaban la emisora. Estos contactos lo introducen en un mundo artísticamente amplio relacionado con la cultura del país.

La Emisora Cultural de Caracas

A partir de 1975, Blanco-Uribe realiza junto a la coreógrafa y escritora Hercilia López un nuevo programa radial titulado El lenguaje de la danza, en los inicios de la primera Radio FM de Venezuela, La Emisora Cultural de Caracas 97.9, y mientras La Banda Municipal está en su apogeo. 

Alejandro Blanco-Uribe a bordo de un avión Hércules, en gira internacional con la primera Orquesta Sinfónica Juvenil de Venezuela a cargo del maestro José Antonio Abreu / Foto: Antonio Huizi

De gira internacional con la Orquesta Sinfónica Juvenil de Venezuela a cargo del maestro José Antonio Abreu. De izquierda a derecha: Carlos Chávez, Lira y Blanco-Uribe / Foto: Antonio Huizi

Los orígenes de El Sistema

Encuentro con José Antonio Abreu

En el año 1975, Gerry Weil decide dejar La Banda Municipal para mudarse al estado Mérida. Blanco-Uribe en ese entonces trabajaba en la Radio Nacional de Venezuela y le comenta al intelectual Luis Carlos Díaz, que tenía un programa en esa emisora, sobre su inquietud por el destino de la agrupación. Díaz le sugiere ir a conocer al músico y economista José Antonio Abreu, quien para aquel momento integraba la Junta Directiva del Instituto de Cultura y Bellas Artes (Inciba).

Se conocen e inmediatamente comparten un día entero hasta la noche cuando Abreu le presenta al reconocido violista y trompetista Frank Di Polo, para conversar sobre la idea que tenían de crear una “Orquesta Sinfónica Juvenil”.

A las pocas semanas, Blanco-Uribe pasa a ser el primer asistente del maestro Abreu en la creación de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Venezuela, e invita a Di Polo a integrarse a La Banda Municipal, y comienzan a ensayar en simultáneo ambas agrupaciones.

La Orquesta Sinfónica Juvenil de Venezuela

La orquesta, dirigida entonces por el reconocido compositor y maestro mexicano Carlos Chávez, se preparaba para presentarse en el famoso Festival Musical Juvenil de Aberdeen, Escocia, y estaba programado que La Banda Municipal se presentara también en este festival. Sin embargo, sucede un hecho muy penoso. Los instrumentos de La Banda Municipal se extraviaron y no llegaron a Escocia.

A los dos meses, Blanco-Uribe los encontró regados en un depósito en el Aeropuerto de Maiquetía, en Caracas, y muy afectado por este inconveniente, decide tomar nuevos rumbos musicales.

La disolución de La Banda Municipal le significó un choque emocional muy fuerte. No obstante, fue un tiempo de suma importancia al lado de Gerry Weil y José Antonio Abreu, en el que se había hecho un músico reconocido, productor de conciertos e investigador de música.

Alejandro Blanco-Uribe y Vinicio Ludovic junto a Hercilia López y otras integrantes de Contradanza / Foto: Carlos Pecheneda

Música Electroacústica y tecnología del sonido

Este momento, entre los años 1973 y 1976, marca un antes y un después en su carrera como músico en nuevas expresiones artísticas. Blanco-Uribe compone e interpreta, junto a Ludovic, música en vivo para un grupo de danza contemporánea, Contradanza, con el que hace varias giras por el país.

Música para cortos y documentales

A la par, los cineastas Antonio Llerandi e Iván Feo le solicitan a Blanco-Uribe componer la música para un cortometraje que dirigían, que se tituló Se mueve, y que trata con Contradanza el mismo tema de indagación sobre el lenguaje de la danza contemporánea.

Blanco-Uribe entra como miembro fundador a la Asociación Nacional de Autores Cinematográficos (ANAC) y conoce al fotógrafo Mario Abate y al cineasta Mario Robles con los que trabaja como músico y sonidista en una serie de documentales que se proyectan en todas las salas de cine del país durante un año. Toda esta música se estaba componiendo mientras asiste al maestro Abreu.

Luego Fundarte lo selecciona como músico, junto a un reducido grupo de artistas plásticos y fotógrafos entre los que figuraban Jorge Pizani, Pancho Quilici, Ricardo Armas y Fernando Calzadilla, para entregarles unas bolsas de trabajo con el fin de que pudieran continuar su formación en las principales capitales del mundo del arte: Nueva York, Londres y París. Blanco-Uribe viaja entonces para Londres.

Alejandro Blanco-Uribe al frente de su residencia en Londres

Royal College of Music

Londres, 1976-1979

A pesar de haber pasado por algunos conservatorios de música en Caracas, como el Conservatorio Nacional de Música Juan José Landaeta, y de haber recibido clases privadas e iniciado estudios de música con Gerry Weil y José Antonio Abreu, Blanco-Uribe no cuenta con grados formales como los que se requerían para ingresar a estudiar en una institución académica tan exigente y prestigiosa como el Royal College of Music

Sin embargo, gracias a un colega amigo peruano que estaba ingresando a esta institución, consigue una entrevista con el director y decide mostrarle uno de los documentales en 35 mm, a los que les había realizado la música y el sonido, y que trataba sobre el problema del transporte en Caracas. Es aceptado por esta pieza y entra a estudiar composición de Música electroacústica.

Mientras estudia, envía semanalmente su programa radial titulado Desde Londres, a La Emisora Cultural de Caracas, y toca ocasionalmente música pop, rock y electroacústica en algunos teatros, clubs de música y universidades de Londres. 

En esta ciudad también comparte con otros músicos venezolanos como Ilan Chester y Jorge Spiteri, donde producen juntos un disco de Ilan dedicado a su devoción Krishna.

Al final de los estudios, recibe el reconocimiento a la mejor composición de la maestría, realizada con la manipulación y edición de un solo sonido musical.

El artista, fotográfo y diseñador Antonio Huizi

Logo del Estudio Odisea diseñado por Antonio Huizi en el año 1980

Estudio Odisea

A su regreso a Caracas, en el año 1979, por invitación de Antonio Huizi, quien trabajaba en una quinta creativa en la urbanización Campo Alegre con oficinas y talleres de artistas, y gente dedicada a la danza, y en la que también trabajaban arquitectos, fotógrafos y diseñadores que formaban parte del grupo Asteroide, decide montar allí un estudio de grabación.

Viaja a Nueva York para adquirir los equipos de sonido, y diseña y construye el Estudio Odisea, el primer estudio en Caracas creado para realizar demos o maquetas musicales.

El estudio contó con la ingeniería de Jimmy Kovacs, como sonidista, y se convirtió en un epicentro para músicos y artistas de la escena caraqueña vanguardista de ese tiempo. Al estudio asisten a ensayar y grabar músicos como Vytas Brenner, Ezequiel Serrano, Ilan Chester, Evio Di Marzo y agrupaciones emergentes como Témpano y PPS’, y a desarrollar el concepto musical de lo que llegarían a ser sus producciones discográficas.

En Odisea, Blanco-Uribe se dedica a la elaboración de discos de ediciones limitadas de música clásica y tradicional venezolana, financiados por empresas e instituciones públicas y privadas, mientras se coordinan grabaciones y producciones discográficas de todo tipo de género musical.

Los dos primeros discos del Sistema de Orquestas Juveniles de Venezuela. Uno, con Alirio Díaz como solista interpretando obras del maestro Antonio Lauro; y otro, que resultó ser el primer disco de percusión académica que se realizó en América Latina, la Toccata para percusión, del compositor Carlos Chávez, son realizados en Odisea.

Es memorable la producción Aquí Caracas, una compilación de varios artistas, realizada por Blanco-Uribe, que se hizo para la Universidad Metropolitana (Unimet), donde El Cuarteto grabó de manera profesional por primera vez, así como también el dúo compuesto por Juan Carlos Núñez al piano y Cecilia Todd al cuatro, y en donde se incluyen dos composiciones de Vinicio Ludovic y una de Blanco-Uribe.

En Odisea, Blanco-Uribe realiza su primera composición de música para largometrajes, Bolívar, sinfonía tropikal (1980), de Diego Rísquez, oficio que considera su mayor satisfacción artística, y su primera obra musical titulada El canto de la sirenas.

Logo de la empresa Fonotalento diseñado por Antonio Huizi en 1983

Foto de portada dedicada Estudios Telearte en la revista especializada en audio profesional, Db Magazine, 1983 / Cortesía de Enrique Barreto

Foto-captura de Alejandro Blanco-Uribe, cuando era vicepresidente de Sonográfica, en el programa conducido por Marieta Santana «A puerta cerrada» (RCTV 1986)

Logo de la empresa Sonartis diseñado por Antonio Huizi en 1986

Ilan Chester es el músico cantautor y el artista pionero que abre la era exitosa de Alejandro Blanco-Uribe al frente de Fonotalento

Fonotalento y el Grupo 1BC

Industria discográfica (1980-1990)

Fonotalento

Luego de tener que vender su Estudio Odisea, Blanco-Uribe comienza una etapa, a inicios de los ochenta, como ejecutivo de empresas culturales y de entretenimiento, cuando decide aplicar a una innovadora convocatoria aparecida en la prensa, donde se solicitaba a un profesional que se hiciera cargo de la dirección de una empresa discográfica y, entre aproximadamente setenta concursantes, es elegido para el cargo por parte del presidente de Empresas 1BC, Peter Bottome, luego de una exhaustiva entrevista, en la que Bottome le pregunta qué haría él por la Industria discográfica, considerando que en Venezuela no se promovía el talento nacional joven. 

En respuesta, Blanco-Uribe le sugiere alquilar un teatro para hacerle casting en videos a los nuevos talentos musicales, pues a diferencia de lo que se acostumbraba a mostrar en las disqueras con cintas de audio, el video comprobaría si comunicaban o transmitían con carisma a través de la televisión. 

Esta propuesta le llamó mucho la atención a Bottome –aparte de la condición en particular que tenía Blanco-Uribe de ser músico, creativo y además tener contactos y buenas relaciones con muchísimos músicos y artistas–, y entonces le pone inmediatamente a disposición los estudios en el Teatro La Campiña y en RCTV, y lo contrata para fundar y dirigir la nueva empresa Fonotalento, en abril del año 1982, con el fin de invertir en la producción de nuevos talentos musicales de Venezuela y separar la producción creativa y musical de la distribución y mercadeo discográfico.

Se empiezan a hacer los castings en el Teatro La Campiña, mientras se construyen los Estudios Telearte entre los años 1982 y 1983. 

Al surgir la primera tanda de artistas de Fonotalento, entre ellos, Ilan Chester, el grupo Daiquirí, Carlos Mata, Colina, entre otros, y promocionarse su música en comerciales y las mundialmente exitosas telenovelas de RCTV, que se transmitían a diario, la audiencia comienza a llamar a las emisoras de radio para que colocaran los temas que salían por TV.

En el caso de Fonotalento, la empresa estuvo siempre negada a pagar payola. Se tenía una fuerza promocional muy potente dada por millones de televidentes al día, la cual motiva a las radios del país a difundir la música que se promovía en RCTV. Por otra parte, se realizan también una serie de videoclips y especiales de televisión con los artistas de Fonotalento.

En cuanto a los conciertos, Blanco-Uribe se propone que el sonido en vivo de cada artista alcance la calidad que se lograba en el disco. 

Durante los primeros años de gestión de Blanco-Uribe, surge la presión en Sonográfica por querer absorber Fonotalento. Por otra parte, dado el éxito internacional que estaban obteniendo los artistas de televisión y los músicos y sus producciones discográficas, se decide fundar una empresa de representación artística, Sonartis, con el fin de exportar todos esos talentos a los mercados donde las telenovelas tenían éxito. Se trató de una experiencia inédita en Venezuela, pues hasta el momento no existía en el país una agencia de representación de talentos.

Culmina la primera etapa de Fonotalento y todos los artistas comienzan a ser manejados por Sonográfica. Blanco-Uribe es nombrado vicepresidente de la Distribuidora Sonográfica. Pero no existía en la empresa el entusiasmo por exportar a los artistas, sino por firmar contratos exclusivos con artistas internacionales e invertir en esos talentos que contaban con las cifras más altas en ventas. Por esta razón, Blanco-Uribe siente desánimo en seguir con la gestión interna de la empresa y se dedica a realizar giras promocionales internacionales, y luego, a producir el siguiente disco de Colina en la ciudad de Londres, que resultó ser la mejor producción de sonido hecha en estudio de un artista venezolano. 

Sin embargo, Sonográfica estuvo de acuerdo en que los artistas que habían surgido de la desaparecida Fonotalento continuaran a cargo de Blanco-Uribe. Esta primera etapa de Fonotalento dura hasta el año 1985 aproximadamente.

En el año 1988, Blanco-Uribe vuelve a tener un encuentro con Peter Bottome, en el que Bottome le propone reiniciar Fonotalento. Pero al año, en 1989, se da El Caracazo y, a partir de este momento, en el que la crisis económica se avecina en Venezuela, se empiezan a recortar las inversiones para producir nuevo talento nacional. No obstante, la empresa logra producir los primeros Lps de una segunda tanda de artistas como Sergio Pérez, Elisa Rego, el dúo Juan Carlos y Fernando, agrupaciones como FeedBack, Urbanda y Wag y otras producciones como la de Henry Martínez con “Los merenguitos”

Sin embargo, con esta última participación de Blanco-Uribe en las Empresas 1BC, se cierra una década de numerosos éxitos y grandes aportes tanto para la industria discográfica venezolana como para la cultura contemporánea y de vanguardia en el país.

Vasallos del Sol – Álbum «Prenda» (Fundación Bigott 1993), producido por Alejandro Blanco-Uribe

Colección discográfica «Cuba es música» (1996) diseñada por Antonio Huizi, ganadora del premio al «Mejor diseño» en la Primera Feria Internacional del Disco de La Habana

Nuevas producciones discográficas

Vasallos del Sol

En el año 1993, Blanco-Uribe realiza la producción discográfica Prenda (1993), con la agrupación Vasallos del Sol y la Fundación BigottPara este disco, Blanco-Uribe se traza el desafío de realizar una producción, cumpliendo con los criterios profesionales más exigentes de grabación e interpretación musical para la época.

Desde La Habana

Al salir de las Empresas 1BC y continuar con su trabajo musical, Blanco-Uribe es llamado a finales del año 1994 por el empresario venezolano Gianni Húngaro desde La Habana, quien le comenta estar interesado en mostrarle unas grabaciones de audio que se conservaban, de reconocidos artistas nacionales e internacionales que se presentaron en los Estudios de la Radio y Televisión Cubanas. Blanco Uribe viaja a La Habana y se encuentra con un tesoro inédito grabado entre los años 1945 y 1960. 

Pasa dos semanas evaluando el material y sus implicaciones de derechos musicales y de producción, y comienza a buscar inversionistas en Venezuela para llevar a cabo la idea que le surgió. No consigue a los inversionistas adecuados en ese primer intento y, mientras tanto, es convocado por el empresario y productor cinematográfico Duccio D’ Ambrosio para asistir a Bogotá a un encuentro de cine y televisión. 

En ese momento le surge la invitación por parte de una empresa de televisión para dar una conferencia sobre su experiencia en la industria de la música y, de inmediato, es contratado por esta empresa para crear algo similar a lo que había sucedido con el grupo Radio Caracas Televisión. Pero al cabo de un año, viviendo en Bogotá, decide renunciar a esta empresa, por no estar de acuerdo con su manejo, para dedicarse de nuevo al proyecto con la radio y televisión cubanas para el cual había ya había conseguido un capital semilla. 

Se asocia con Patricia Henao, una promotora que tenía una reconocida empresa de comunicaciones y publicidad en Bogotá, viajan a La Habana y le presentan el proyecto que había ideado Blanco-Uribe para trabajar con estas grabaciones, a las autoridades del Instituto Cubano de Radio y Televisión, y el proyecto es aceptado. 

Entonces comienzan con la realización de un trabajo de arqueología musical que incluía la profundización del estudio de la música cubana, la restauración de las grabaciones que estaban destruidas por el tiempo y la revolución, y la concepción de un producto que pudiera ser comercializado. 

El producto obtenido Cuba es música consistió en una colección discográfica y en el diseño de un empaque realizado por Antonio Huizi y fabricado con materiales de primera calidad en Bogotá. La documentación del proceso de restauración llamó mucho la atención para la curiosidad de los melómanos. 

La colección obtuvo varios premios, entre ellos, el «Premio a la Mejor Colección» y el «Mejor diseño» en la Primera Feria Internacional del Disco de La Habana, y reconocimiento internacional que llega a la firma Universal Records en Nueva York y Japón. 

Alejandro Blanco-Uribe, Director de la Fundación Cultural Chacao (a partir del año 2001)

El complejo Centro Cultural Chacao diseñado por Juan Andrés Machado y Eric Brewer / Premio Nacional de la Asociación Venezolana de Constructores / Foto cortesía del portal runrun.es

Alejandro Blanco-Uribe y Antonio Huizi en la presentación del libro «Pioneros» en la ciudad de Panamá, en el año 2016

Fundación Cultural Chacao

A partir del año 2001

Blanco-Uribe venía de consolidarse como gerente y asesor de empresas e instituciones culturales. Elegido Leopoldo López como alcalde de Chacao, en el año 2000, es convocado por la artista y gestora cultural Diana López para desarrollar un macro evento de Navidad en el Municipio Chacao, que promoviera las tradiciones decembrinas venezolanas e inaugurar la reciente gestión cultural en la Alcaldía de Chacao que comenzaba con su hermano Leopoldo López.

Blanco-Uribe se había destacado como asesor de la Fundación Bigott en la producción musical en los años 1990, institución con la que venía desarrollando producciones y promociones de las tradiciones venezolanas.

Teniendo como referencia el gran evento organizado por el poeta y escritor Juan Liscano titulado “La Fiesta de la Tradición venezolana”, presentado en el Nuevo Circo de Caracas en el año 1948, con motivo de la toma de posesión de Rómulo Gallegos como Presidente de Venezuela, y en el que Liscano le da un vuelco a la cultura tradicional venezolana y a la visión de cómo manejar las tradiciones y verlas como un gran espectáculo, Blanco-Uribe presenta el proyecto “Navidad en Chacao”, por el cual Leopoldo López decide nombrarlo presidente de la Fundación Cultural Chacao, institución pública que pronto se convertiría en la más novedosa y reconocida por la creación y promoción de los valores culturales venezolanos.

La gestión de Blanco-Uribe dejó secuelas en la ciudad y el país entero, por el éxito que tuvo en la ruptura de paradigmas.

La Junta Directiva de la Fundación además estuvo integrada por personalidades como el maestro José Antonio Abreu, por el director de la Fundación Bigott, el escritor Antonio López Ortega, y otras personalidades como Tahía Rivero, Diana López, quien estuvo en este periodo como Gerente General, y José Manuel Sánchez, reconocido financiero y amante de las artes.

Centro Cultural Chacao

El aporte de infraestructura más importante que dejó la gestión de Blanco-Uribe fue promover la creación y construcción del Centro Cultural Chacao, pues en Caracas no se construía un Teatro Municipal desde el año 1920.

En un segundo período en Chacao, a partir del año 2011, Blanco-Uribe retoma la gestión cultural como director de este centro cultural que había sido inaugurado en el año 2004 y en el que se estaba culminando la construcción de un teatro.

El último evento que quedó programado para el Centro Cultural Chacao, antes de que finalizara la gestión de Blanco-Uribe, fue la exposición dedicada a los orígenes del reconocido Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, que surge a raíz de la publicación realizada por Antonio Huizi, la periodista María Gabriela Méndez y Blanco-Uribe: Pioneros: Escenas de los primeros 5 años del Sistema de Orquestas Sinfónicas Juveniles e Infantiles de Venezuela (ArtiCruz 2015).

Alejandro Blanco-Uribe con el cineasta Diego Rísquez y Vasallos del Sol, en la producción del largometraje Reverón, año 2011

El cineasta Diego Rísquez junto al artista y cantante venezolano Jesús “Chino” Miranda, y Alejandro Blanco-Uribe – Película «El malquerido» (Rísquez 2015)

Música para cine

Composición musical y producción artística

Con Bolívar, sinfonía tropikal (1980) del cineasta venezolano Diego Rísquez, Blanco-Uribe se inicia como compositor de música para largometrajes, obteniendo el «Premio a la Mejor Música», en el 1er Festival del Cine Nacional, en Mérida, en 1980. Luego, entre 1984 y 1988, realiza la música de los otros dos largometrajes que conforman esta Trilogía: Orinoko, nuevo mundo (1984) y Amérika, terra incógnita (1988), película con la que vuelve a obtener el «Premio a la Mejor Música», en el Festival del Cine Nacional, en 1988. Tanto para Rísquez como para Blanco-Uribe, la Trilogía fue considerada el proyecto más importante que ambos artistas realizaron.

En este tiempo en el que realiza la música de esta Trilogía, a Blanco-Uribe le toca alternar entre dos mundos intelectualmente distintos, uno, el mundo del éxito en todos los medios, el otro, el mundo de la bohemia y la vanguardia del arte. Por otra parte, teniendo bajo su dirección el mejor estudio de grabación para el momento, Estudios Telearte, y a una constelación de estrellas como director de Fonotalento y Sonográficael trabajo para cine siempre lo realizó de manera artesanal, con herramientas de calidad, pero sencillas, y en estudios asociados más con el mundo de la cinematografía que con el de la música, como los de la Escuela de Cine de la ciudad de Mérida.

Además del exitoso trabajo logrado junto a Rísquez, Blanco-Uribe compone la música para otras realizaciones de gran importancia como el cortometraje La Isla (1981) de Carlos Oteyza, por la que obtiene el “Premio a la Mejor Música” en el Festival de Cortometraje Nacional Manuel Trujillo Durán; el largometraje Roraima (1993) del mismo autor, y otro conjunto de largometrajes de autores como Mauricio Walerstein, entre los que destacan: Macho y hembra (1985), De mujer a mujer (1986) y Con el corazón en la mano (1987). En este tiempo también realiza la música de A la salida nos vemos (1986), película dirigida por el director colombiano Carlos Palau y No hace falta decirlo (Alejandro Padrón 1987).

En 1994, realiza la música de Karibe Con Tempo (Rísquez 1994) y se distancia de la producción musical para cine por un tiempo hasta que retoma su trabajo como compositor con Reverón (Rísquez 2011), película con la que vuelve a obtener el «Premio a la Mejor Música», en el Festival de Cine Venezolano de Mérida (7ma edición, año 2011).

El malquerido (2015) es el último largometraje que Blanco-Uribe realizó con Rísquez. Se trata de una película dedicada al extraordinario cantante e intérprete marabino Felipe Pirela y protagonizada por el artista venezolano Jesús “Chino” Miranda

Por este largometraje, Blanco-Uribe recibe premios tanto por la música como por la producción musical, entre ellos, el «Premio a la Mejor Música», en el Festival de Cine Venezolano de Mérida (año 2015). Además, la producción: Jesús «Chino» Miranda – El Malquerido – Original Motion Picture Soundtrack (Sonográfica 2015) fue nominada la categoría de «Mejor álbum tropical tradicional», en los Latin Grammy (año 2016).

Una de las tres piezas de «Réquiem», obra de Oscar Molinari y Alejandro Blanco-Uribe, año 1991

De izquierda a derecha: Jorge Pizzani,  Alejandro Blanco-Uribe, Oscar Molinari y Jhon Gornes en Caracas, en la casa del artista Molinari, diseñada por el reconocido arquitecto venezolano Federico Guillermo Beckhoff

Música para piezas de arte

Simultáneo a su trabajo como compositor de música para cine, Blanco-Uribe elabora composiciones musicales y de sonido para piezas de arte, entre ellas, The Pool, una instalación del artista Oscar Molinari, expuesta en el Museo Contemporáneo de Caracas en el año 1990, y que llamó mucho la atención por su originalidad y creatividad. 

En el año 1991, Molinari y Blanco-Uribe realizan una segunda obra titulada Réquiem, inspirada como protesta a la destrucción de la geografía venezolana por la extracción del oro y el arrase ecológico del Amazonas. 

La muestra tomó todos los espacios de la Galería de Arte Nacional entre los años 1991-1992. Una década después, entre 2001-2002, esta misma obra fue expuesta en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas.

Oración Solemne por Venezuela, evento creado y producido por Alejandro Blanco-Uribe en Panamá

Logo del evento realizado por Antonio Huizi

Estancia en Panamá

En el año 2015, al año siguiente de haber culminado su gestión en el Centro Cultural Chacao, Blanco-Uribe comienza a viajar frecuentemente para Panamá.

En el taller del maestro Cruz-Diez, ubicado en esta ciudad, lidera una iniciativa, a partir del año 2018, para producir una serie documental sobre las Tradiciones Culturales de Panamá. Esta serie tuvo una gran aceptación y difusión, pues contó con temporadas repetidas en la televisión masiva de este país.      

Oración Solemne por Venezuela (año 2019)

La Oración Solemne por Venezuela fue un evento creado y producido por Blanco-Uribe en Panamá, dedicado a levantar una plegaria a Dios por la crisis humanitaria que sufren los venezolanos. Convencido del poder que tiene la oración para transformar las circunstancias adversas, y motivado por la acción de la música para tocar los sentimientos de las personas, Blanco-Uribe se monta en la producción de este evento, con la finalidad de transmitir un mensaje de unión, paz y gratitud. 

Blanco-Uribe tardó un tiempo buscando el sitio ideal para realizarlo. No era fácil conseguir espacios para esto, debido al riesgo político que asomaba. Finalmente, consigue hacerlo en el Santuario Nacional del Corazón de María, en Obarrio, una emblemática Iglesia de la ciudad de Panamá, contando con la participación de la Orquesta Filarmónica de Panamá, dirigida por el maestro Víctor Mata, y el Coro Camerata Panamá, dirigido por la maestra Aura Marina Ríos; ambas agrupaciones constituidas por músicos venezolanos y panameños en la misma proporción, bajo la dirección de dos venezolanos formados en El Sistema

Las oraciones fueron conducidas por el Dr. Presbítero Padre William Rodríguez, el 30 de abril del año 2019. 

Alejandro Blanco-Uribe es padre de Carlota Blanco-Uribe Huizi y Alejandro Blanco-Uribe Fernández, ambos destacados profesionales

Ciudad Cultural Once

Alejandro Blanco-Uribe regresa a Caracas a finales del año 2019.

Blanco-Uribe es el ideólogo de un proyecto dedicado a la ciudad, su cultura y a su talentos, Ciudad Cultural Once, pensado a través de una plataforma digital que promueve los valores de la Economía naranja, basada en la industria creativa como desarrollo cultural y generadora de empleo en el país. 

Además, se encuentra preparando una serie de televisión sobre la historia del rock y del pop en Venezuela.

Alejandro Blanco-Uribe es un visionario e incansable generador de importantes proyectos de vanguardia, además de ser un reconocido y convencido promotor de los valores culturales de Venezuela y de su gran potencial para aportarle contenido de calidad a todo el mundo.